El bosque se cerraba sobre ellas como una prisión de sombras. La humedad impregnaba cada hoja, cada piedra, cada respiración. Lyra y Evadne avanzaban con pasos cautelosos, intentando que el crujido de la hojarasca no delatara su presencia. Pero el aire cambió.
Un olor penetrante, antiguo, se deslizó entre los árboles. Era el olor de un alfa. No uno cualquiera. Un alfa negro como la noche.
El lobo emergió de la penumbra, sus ojos brillando con un fulgor que no pertenecía a este mundo. Lyra sinti