El regreso a la manada fue silencioso.
No había victoria en sus semblantes, solo heridas abiertas, físicas y emocionales. Isabel estaba protegida, sí, pero rota por dentro. Las marcas en su piel eran superficiales comparadas con las cicatrices que ahora cargaba en el alma.
Lucía caminaba junto a Henrry, cruzando miradas furtivas de incomodidad, todavía con el pulso alto por la batalla. Ella no era una soldado experimentada, no había nacido para la guerra, pero se había defendido. Había protegid