El amanecer acariciaba las colinas con una tímida neblina plateada, como si el cielo también quisiera guardar silencio ante lo que acababa de sellarse. La bruma flotaba entre los árboles como un manto sagrado, un velo entre el mundo espiritual y el físico, como si incluso la naturaleza comprendiera que algo profundo había cambiado.
Lucía respiraba agitada, con el cuerpo aún tembloroso y el alma vibrando en una frecuencia que jamás había experimentado. Sus ojos estaban abiertos, fijos en el cie