Los bosques eran infinitos, las tierras salvajes no respondían a un mapa ni a las órdenes de un rey. Ares lo sabía, pero no desistía, llevaba semanas cabalgando por zonas fronterizas, husmeando cada rincón, interrogando a viajeros, visitando clanes menores, dejando de lado la corona, el poder y el orgullo. Solo tenía un objetivo: encontrarla.
Todo estaba en su contra, quizás la Diosa lo estaba castigando por no aprovechar la bendición de tener una destinada, pero aun así él estaba luchando a pe