El viento había cambiado.
Isabel lo sintió en la piel, en el canto de los pájaros que ya no sonaban como antes, en la forma en que las hojas crujían bajo sus pies. El bosque ya no era refugio, era una frontera que pronto se rompería.
—¿Estás bien? —Preguntó Logan, observándola con cuidado. Ya no entrenaban, ahora solo caminaban, mientras el pequeño ser en su vientre crecía, lento, pero constante.
—No lo sé. —Respondió Isabel, frotando su estómago con gesto protector. ―Siento algo extraño, com