Lucía observó el collar durante largos minutos, sin mover un músculo. El ópalo vibraba de forma casi imperceptible, como si respirara, como si tuviera alma. Su alma.
Intentó soltarlo, dejarlo caer al suelo y aplastarlo con el pie, pero los dedos no le respondieron. El contacto con la piedra le producía una sensación de hormigueo que le subía por el brazo y se alojaba en el pecho, justo donde ese ardor extraño seguía latiendo.
Finalmente, se dio la vuelta y lo escondió debajo de la almohada de s