No fue hasta estar bien acomodada en el cuarto que me acordé de revisar el celular.
Más de cien llamadas perdidas.
Todas del mismo número.
Diego Mendoza.
“¿Qué…?”
En todos estos años juntos, no me había llamado tanto ni cuando casi me muero por él.
Pensé que el celular se había dañado o que me habían hackeado.
Pero no.
El WhatsApp, el Messenger, los SMS…
Todo explotado.
Y todo de Diego.
No tenía ganas de leer nada.
Iba a apagar el teléfono.
Justo entonces, entró una llamada.
De él.
—¡Isabel! ¡Gr