Recibí una llamada de la dueña de la boutique de vestidos:
—Isabel, ¿tu Alfa tiene un hermano gemelo y no nos lo habías contado?
Vino un tipo igualito a él con una mujer... dijo que venía a probar tu vestido de novia, ¡y hasta me pidió que lo ajustara a la talla de ella!
—No hay problema —le respondí con calma—. Haz lo que diga el Alfa. Solo asegúrate de que él pague todo.
Colgué.
Poco después, Diego regresó a casa con dos vestidos.
Los colocó sobre la cama y se quedó acariciando el de Valentina