—¡Isabel, estás malinterpretando todo! ¡Estás completamente equivocada!
—La voz de Diego se quebraba al otro lado del teléfono—. Por favor, vuelve a mi lado. Te lo explico todo cara a cara.
“¿Explicarme qué exactamente?”
¿Que fui una ingrata por no aparecer en su boda y enviarle aquel paquete humillante?
¿Que debí guardar mis quejas en privado, como buena futura Luna, y no exponerlo frente a todos?
Lo que más detestaba de él era su insistencia enfermiza en que yo y Valentina debíamos llevarnos b