Nick no permitió que nadie tocara la correa.
Kael tampoco.
El trozo de cuero quedó sobre una mesa de las caballerizas mientras los hombres eran interrogados uno por uno.
Yo estaba sentada a pocos metros.
No quería estarlo.
Quería volver a trabajar.
Quería fingir que aquello había sido un accidente.
Era mucho más sencillo tener mala suerte que aceptar que alguien podía haber intentado hacerme daño.
Nick no estaba dispuesto a dejarme fingir.
—No te muevas.
—Ya estoy bien.
—Eso dijiste hace diez m