Kaeli convocó a todos: capitanes, escribas, testigos, aliados, incluso a los emisarios del Rey. La plaza se llenó de rostros que sabían que ese día no se trataba de justicia solamente, sino de memoria, de poder, y de qué historia quedaría escrita cuando todo terminara.
—Hoy no se juzga a un hombre —dijo Kaeli desde la piedra central—. Hoy se juzga una estructura. Y si la verdad nos cuesta aliados, que así sea. Pero que nadie diga que la manada se escondió.
Daryan estaba a su lado, con la lista