La madrugada llegó con un frío que caló los huesos, pero el fuego del campamento se mantenía vivo, repartiendo calor y conversación entre los que no pudieron dormir. De una hoguera surgieron voces que hablaban de estrategias; de otra, risas que parecían música inesperada. El amanecer no sería una línea recta: la manada había aprendido que la vida se doblaba entre el deber y el deseo, y que salvar ambos era una habilidad tan necesaria como afilar una lanza.
Kaeli y Daryan no hablaron de política