46• La voz de un ángel.
No sabía cuánto tiempo llevaba en la misma posición. Podían haber sido minutos… o una eternidad. Lo único que tenía claro era que, con cada segundo, mis esperanzas se volvían más delgadas, casi imperceptibles, como un hilo húmedo a punto de romperse. La mente se me llenaba de un ruido extraño, confuso, que hacía imposible pensar con claridad. El frío traspasaba la ropa, la piel, los músculos… y la nieve cayendo sobre mí me iba hundiendo más en ese blanco inmenso y silencioso.
Con lo poco que aú