Adam
Adam llevaba veinte minutos mirando la misma página sin haber leído una sola palabra.
Cerró el informe.
Inútil.
Todavía podía sentir la mano de Emily agarrándole la camiseta.
Podía recordar exactamente la presión de sus dedos contra su pecho.
Su cara a centímetros de la suya.
La forma en que sus labios se habían separado cuando él se inclinó.
Y aquella maldita pregunta.
¿Y yo soy una razón?
Sí.
Era la razón por la que llevaba dos noches durmiendo mal.
La razón por la que su lobo no dejaba