Emily
La sala quedó en silencio cuando entré de la mano de Adam.
No era una sala de reuniones normal.
Era demasiado grande.
Demasiado antigua.
Una chimenea de piedra ocupaba prácticamente una pared entera. Había una mesa larga de madera oscura y alrededor de ella unas doce personas que dejaron de hablar en cuanto me vieron.
Reconocí a Maura.
A Dorian.
A dos hombres que trabajaban habitualmente cerca de las cabañas.
A los demás, no.
Nora y Caleb se quedaron fuera.
Laura y Sofía todavía no sabían