Adam
Adam despertó antes que Emily.
No se movió.
Ella dormía pegada a él.
Cabello rojo extendido sobre su pecho.
Una mano descansando encima de su abdomen.
Una de sus piernas sobre la suya.
Su lobo estaba insoportablemente satisfecho.
Compañera.
Adam miró el techo.
—Ni se te ocurra acostumbrarte.
Emily se movió.
Su nariz rozó su piel.
El lobo ignoró completamente la advertencia.
Adam sonrió.
Había pasado la noche más difícil de su vida.
No por dormir.
Por no hacer nada más.
Emily se había queda