Adam
Adam observó el trozo de cuero sobre la mesa.
El nombre estaba marcado profundamente.
Emily.
No era una casualidad.
Ya no podía fingir que lo fuera.
Caleb cerró la puerta.
Maura permaneció junto a la ventana.
Emily estaba sentada, en silencio, mirando el objeto como si pudiera darle respuestas.
Adam quería sacarla de allí.
Llevarla de vuelta a la cabaña.
Cerrar puertas.
Poner diez hombres vigilando.
Su lobo quería algo todavía más sencillo.
Encontrar al responsable.
Y arrancarle la gargant