Capítulo 81. La mejor amiga
El viernes amaneció con un cielo de color ceniza, como si el mismo aire de Dallas presintiera que algo estaba a punto de quebrarse. No habíamos dormido nada.
Después de salir huyendo de aquel hotel de paso, nos instalamos en una sala privada del hospital, custodiados por los hombres de Alejandro.
Yo no podía dejar de mirar la fotografía que habían deslizado bajo la puerta. Esa imagen de nosotros dos, tan vulnerables y expuestos, me hacía sentir que me caminaban cucarachas por la espalda.
Alejan