Capítulo 80. Viernes
El silencio que quedó en la habitación del hotel después de habernos entregado así era casi irreal. Me sentía pesada, pero de una forma deliciosa, con la piel todavía vibrando por el contacto de Alejandro.
Él no se había movido de mi lado; su brazo rodeaba mi cintura con una posesividad que esta vez no me molestaba, al contrario, me hacía sentir anclada a la tierra. Su respiración, que antes era un vendaval en mi oído, se había vuelto pausada y rítmica.
Me quedé mirando el techo, viendo las som