Capítulo 82. Pasado devorador
El segundero del reloj de pared de la sala de espera parecía un martillo golpeando un yunque.
Cada "tic" retumbaba en mis oídos como una advertencia. Estaba sola, o al menos eso sentía a pesar de los dos hombres corpulentos que Alejandro había dejado custodiando la entrada.
El silencio del hospital a esa hora de la tarde era pesado, cargado de ese olor a antiséptico que ya se me había quedado pegado en la ropa y en la piel.
Alejandro se había ido hace más de una hora hacia el muelle. No dejaba