9. La verdad en la sala
Mariel
La sala huele a lavanda y pan tostado, olores que me encantan, siempre me han tranquilizado y acogido en todos mis momentos importantes de la vida. Así como este.
La luz cálida de la lámpara cae redonda sobre la mesa baja. El sofá hundido conserva la forma de nuestras siestas. Todo parece igual, pero no lo es. Ya nada es igual. Yo no soy igual.
Me siento al borde. El collar late frío bajo mi camiseta, recordándome que hay otra historia que no conozco, que hay otros como yo y no lo sabía