34. Sombras en la senda
Kael
El túnel que conduce a Umbra no se abre para cualquiera. Lo sé desde antes de poner un pie en él. Lo siento en la piel, en la respiración, en el peso que se instala sobre mis hombros apenas cruzamos el primer arco de piedra.
No es un camino común. No es una ruta subterránea como las de Nocte. Este lugar no fue construido para mover cuerpos, sino sensaciones que van más allá de lo que puedo entender.
Mariel camina a mi lado en silencio. Demasiado silencio. Eso me inquieta más que cualquier