20. La memoria del primer lobo
Mariel
El Valle de los Ecos no tiene viento. Ni pájaros. Ni insectos. Solo el agua quieta y ese reflejo que devuelve las montañas al revés. No es rojo por sangre: es rojo por la forma en que el cielo se dobla.
Kael camina delante, observando cada piedra antes de pisarla. Royer va detrás, cansado, pero firme. Yo no hablo, no puedo. Desde que bajamos, algo dentro de mí se mantiene despierto aunque no diga nada.
El aire aquí tiene peso. Cada respiración se siente prestada. El lago no se mueve. No