18. El despertar sanador
Mariel
El agua me devuelve con cautela, con precisión. No siento miedo, sino una fuerza que no había sentido antes.
No salgo caminando, sino que me alza. La corriente me sostiene bajo los pies como si el río hubiera decidido ser suelo. La luz alrededor no es de día ni de noche; es un resplandor tibio que late al ritmo de mi pecho.
Cuando doy el primer paso fuera del Sendero, todo se alinea: el bosque, el aire, el dolor. Huelo sangre.
—Kael —susurro, y el nombre me enciende la Marca.
Corro lo má