Xander detuvo el auto frente a la mansión Godoy. Sus manos se aferraron al volante por un instante. Notó de inmediato cómo Elena centraba toda su atención en la manilla de la puerta, aunque no hizo ningún ademán de abrirla para bajarse.
—Por esta noche, gracias… —comenzó ella, pensativa—. No estuvo tan mal.
—¿Cuántas estrellas me das? —decidió bromear él, buscando prolongar el momento.
—Unas tres…
—¿Tan pocas? —se indignó, fingiendo ofensa.
Elena se encogió de hombros con indiferencia y ahora s