Elena no tuvo más opción que ceder, despidiéndose de su hija con un beso y prometiendo que “se portería bien”.
¡Vaya cosa!
En el auto, Xander iba sentado a su lado.
Acababa de comprobar que cuando ese hombre decidía algo, era como intentar mover una montaña.
Xander estiró el brazo sobre el espacio que los separaba en el asiento trasero, buscando su mano hasta sujetarla con firmeza. Aunque ambos se mantenían en extremos opuestos del auto, como una pareja casada que enfrentaba serios problemas