—¿Estás segura?
El hombre arqueó una ceja.
Ahora parecía capaz de llevarla al límite, solo para demostrarle que no debería tomarlo a la ligera.
¿Pero quién dijo que ella era una cobarde que se echaba para atrás en el último momento?
—Completamente —respondió, mirándolo directamente a los ojos.
El reto era claro.
A veces la boca podía ser el peor castigo del cuerpo y ella lo estaba comprobando en carne propia.
—Que conste que tú lo estás pidiendo.
—¡Xander!
El hombre la levantó de un tirón,