El sueño de su madre ya no se veía tan lejano.
Quizás en un tiempo lo fue. Demasiado inaccesible para personas tan sencillas como ellas.
Pero la vida había dado un giro drástico. Ya no era aquella pobre chica sin nada.
Ahora, entre planos, muestras de madera, catálogos y demasiadas discusiones, Elena veía aquel restaurante hacerse realidad.
—No me gusta —dijo ella, descartando la fotografía que acababa de entregarle el arquitecto.
Era una sugerencia para las sillas del lugar.
¿Qué podría haber