La puerta de la celda se abrió, pero Victoria permaneció sentada con las piernas cruzadas.
Estaba recluida, sin embargo, sabía que todo aquello era temporal. Sus abogados estaban trabajando arduamente para sacarla.
—Buenas noticias, señora Thorne —informó uno de ellos, sujetando firmemente una carpeta—. El informe médico funcionó. El juez ya aceptó el argumento del episodio de enajenación mental temporal por estrés. En pocos días la sacaremos de aquí bajo arresto domiciliario.
—¿En pocos días?