«¡Eres un maldito aparecido!», no supo por qué, pero esas palabras calaron profundamente en su alma.
Julieta lo había señalado, le había acusado de un sinfín de cosas esa noche, pero no fue nada de eso; tampoco fue que prefiriera correr detrás de otro, fueron esas palabras las que lo hicieron detenerse y darse cuenta de que verdaderamente no era nadie en sus vidas. Y él no quería ser eso. Quería ser alguien. Quería ser parte de esa pequeña familia.
Salió del salón poco después de que ella se fu