—Ven, Brandon. Por favor, recuéstate con cuidado —le ayudó a quitarse los zapatos para que se subiera a la cama.
—¿Ibas a irte con él, Julieta? —le preguntó el hombre en medio de su inconsciencia.
—Claro que no —soltó sin dudarlo. Aunque la verdad era que, por un momento, estuvo a punto de ceder a eso.
—No me mientas. Me pareció ver otra cosa.
—Justo ahora no sabes lo que estás viendo, Brandon —le llevó la contraria—. Estás muy borracho.
—No lo suficiente como para no saber que te ibas a subir