La mirada de Brandon bajó hacia la mano que apretaba su manga. Sus ojos se entrecerraron con una expresión de repugnancia tan profunda que sintió un escalofrío.
—Suéltame —dijo y, aunque el tono de su voz era bajo, casi un susurro, no pudo evitar encogerse en su lugar. La realidad era que el hombre con el que intentaba tratar ahora no era su amigo. No era ese cómplice fiel que la había acompañado por poco más de cuatro años.
—No, escúchame...
—Te he dicho que me sueltes —la interrumpió, girándo