Julieta no lo dudó más. Era una situación de vida o muerte. Brandon entró rápido, alertado por los fuertes gritos.
—¿Qué pasa? ¿La fiebre no está mejorando? —supuso ante la angustia que invadía a las dos mujeres.
Julieta no le respondió. Hizo el ademán de cargar a la niña, pero él se adelantó.
—Déjame, yo te ayudo.
—¡Se está muriendo! —sollozó la mujer finalmente, como si decir esas palabras la estuviera matando por dentro—. ¡Brandon, al hospital! ¡Vayamos rápido!
El hombre, al notar la emergen