AMELIA
Salí del edificio del canal con el cansancio de la emisión estelar pesándome en los hombros, pero con la satisfacción de haber mantenido mi máscara de hielo intacta frente a las cámaras. El estacionamiento subterráneo estaba en penumbra, roto solo por las luces que parpadeaban sobre los autos. Caminé hacia mi vehículo buscando las llaves en mi bolso, pero me detuve en seco al ver una silueta apoyada contra la puerta del conductor.
Era mi padre, estaba furioso, con el rostro congestionado