CAPITULO 129

CHAD

En cuanto mi madre cerró la puerta de la habitación, metí la mano en el bolsillo y activé la grabadora del teléfono con la punta del dedo. Con Ivanna, cualquier palabra que no quedara registrada podía convertirse después en otra mentira.

Me coloqué entre ella y la cama.

Lucas respiraba con dificultad. Tenía la mano derecha cerrada sobre la sábana y la otra permanecía inmóvil junto a su cuerpo.

—Tú me mentiste... —consiguió decir, esforzándose para pronunciar cada palabra—. Me hiciste odiar
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