CHAD
En cuanto mi madre cerró la puerta de la habitación, metí la mano en el bolsillo y activé la grabadora del teléfono con la punta del dedo. Con Ivanna, cualquier palabra que no quedara registrada podía convertirse después en otra mentira.
Me coloqué entre ella y la cama.
Lucas respiraba con dificultad. Tenía la mano derecha cerrada sobre la sábana y la otra permanecía inmóvil junto a su cuerpo.
—Tú me mentiste... —consiguió decir, esforzándose para pronunciar cada palabra—. Me hiciste odiar