AMELIAToqué la puerta de Olivia con el corazón en la garganta, no tenía a dónde más ir. Cuando por fin me abrió, quedó en shock. Mi vestido era una basura hecha jirones y la marca de la bofetada de mi padre me cruzaba la cara.—¿Amelia? Pero qué diablos... —empezó a decir, pero se calló cuando me vio los ojos. Debían de estar vacíos.No dije nada, me desplomé contra su hombro y ella me arrastró hacia adentro, cerrando la puerta con el pie. Me soltó en su sillón y me tapó con una manta mientras iba por un té, pero yo no podía dejar de temblar.—Me echaron, Oli —solté con la voz rota—. Mi papá me dijo que soy una ramera, que ya no tengo familia, me pegó frente a Ivanna y Chad como si fuera un animal.Olivia se sentó en el suelo, justo frente a mí, y me apretó las manos.—Pues tu familia está muy pendeja, Amelia. Porque aquí estás conmigo, yo soy tu familia ahora, pero tenemos un problema peor.Me pasó su celular, ahí estaba yo. Mi cara, mis ojos perdidos, mi cuerpo apretado en ese vest
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