CAPITULO 61

AMELIA

—¿Asesina? —repetí, sintiendo que la palabra me quemaba la garganta mientras lograba zafarme de su agarre con un movimiento violento que lo obligó a retroceder. Me planté frente a él, ignorando el temblor de mis manos, y lo miré directamente a los ojos, rompiendo por fin el silencio que me había encadenado a su voluntad durante años.

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