AMELIA
Aarón dio tres pasos hacia la puerta con el maletín en la mano, se detuvo antes de tocar el picaporte y volvió sobre sus pasos hacia la cuna por tercera vez esa mañana. Se inclinó sobre el colchón y le dio un beso suave a Alexander en la mejilla derecha.
—Ya le diste cuatro besos en ese cachete, Aarón —le recordé con cariño, mientras doblaba una de las diminutas prendas del bebé sobre el respaldo del sillón.
—El niño necesita sentir la presencia paterna antes de que me vaya a las oficina