AMELIA
El despertador sonó antes del amanecer y me obligó a salir de la cama para enfrentar el regreso a la televisión. Tras maquillarme frente al espejo para ocultar el cansancio de la noche de insomnio, salí del penthouse sin cruzarme con Aarón. Manejé directo hacia el canal, sintiendo que el nudo en el estómago se me apretaba con cada metro que avanzaba por las calles de Londres.
Al cruzar el vestíbulo del edificio, la diferencia en el ambiente fue inmediata. Richard, mi jefe, ya me estaba e