Mundo ficciónIniciar sesiónAMELIA
Aarón sonrió al escuchar el auto de su abuelo estacionarse afuera, porque Mateo había exigido por teléfono que el niño estuviera despierto para recibirlo y Alexander llevaba media hora profundamente dormido.
El abuelo entró a la estancia apoyándose en su bastón, tratando de mantener esa postura erguida que tanto lo caracterizaba. Miró la cuna con indiferencia fingida.







