Un nuevo día comenzaba, y con él, otro desafío para Maritza. El cielo apenas clareaba cuando se puso en pie, estirando los músculos con pereza mientras un suspiro escapaba de sus labios. Aún no se acostumbraba a vivir en una mansión donde todo estaba al alcance de su mano, pero eso no era lo que más le pesaba. Lo verdaderamente difícil era convivir con Alan las veinticuatro horas del día. A veces, sentía que el aire se enrarecía cada vez que él estaba cerca. Pero había medio millón de razones p