El atardecer caía sobre la ciudad como una caricia tibia y dorada, tiñendo los cielos con tonos de ámbar y coral. Nelly y Adrián descendieron del auto con las maletas en mano, el sonido de sus pasos sobre el empedrado anunciando su llegada. Habían pasado días junto al mar, respirando libertad, tratando de coser las heridas invisibles que el atentado había dejado en sus cuerpos… y en sus almas.
La mansión los recibió con la calidez de un hogar lleno de historia. El aroma de flores frescas, el s