IGOR
El primer golpe de consciencia fue un latido sordo en mi cabeza.
El dolor se expandió por mi cráneo como una ola, empujándome a la realidad de golpe. Mis párpados pesaban, y un sabor metálico se acumulaba en mi boca.
Parpadeé lentamente.
El techo de madera oscura me pareció desconocido.
No estaba en mi habitación.
Me enderecé con un gruñido, sintiendo los músculos tensos y entumecidos. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por la luz de la luna que se filtraba por una ventana. E