ALARIC
El sonido de la puerta golpeando la pared me sacó del letargo en el que me encontraba. No me molesté en levantar la vista. Solo suspiré y terminé de abotonarme la camisa.
—Si querías derribar la puerta, Selene, podrías haberlo hecho con más dramatismo.
—¡No es momento para bromas, Alaric! —gruñó, cerrando la puerta con un portazo.
—¿Qué pasa ahora?
—¿Qué pasa? —repitió con una risa sin humor—. ¡Que permitiste que descubrieran a Dante! ¡Ahora los cazadores pueden tenerlo secuestrado!
Me a