ALARIC
El aire del bosque estaba cargado, como si cada brizna de hierba supiera lo que estaba por venir. Caminábamos en silencio, cada uno con sus pensamientos, pero mi mirada no podía evitar desviarse hacia ella. Elena.
A la distancia, su figura se movía con una gracia que me recordaba por qué la luna nunca se equivoca. Desde el primer momento, mi lobo supo que ella era la indicada. No importaba cuántas barreras intentara levantar entre nosotros, no importaba cuántas veces el destino parecía e