A través de una pared de cristal, Kevin vio al personal del hospital agolpándose para observar el alboroto causado por su prometida.
—Alessandro, lleva a Beatrice de regreso al hotel —ordenó Kevin, frunciendo el ceño.
—¡Sí, jefe! —respondió el asistente.
—Me quedo contigo, amor. —Beatrice hizo un puchero.
Tocó su camisa de lino, sintiendo el pecho rígido de su prometido.
Kevin inmediatamente tomó la muñeca delgada de Beatrice y la sacó de la habitación.
Beatrice, manteniéndose en sus tacones al