Cumpla con su misión

— Oiga, no haga eso otra vez. —Alessandro le habló al extraño.

—Yo estaba tomando fotos del pasillo —se justificó el hombre desconocido.

—¡Borre la foto! —mandó Kevin.

El joven fotógrafo puso la mano hacia atrás, escondiendo el celular. Estaba empeñado en la misión de conseguir registrar la posible reconciliación del CEO del grupo Harrison con su exmujer.

—¡Espere, señor! —El guardaespaldas tomó la delantera. —Vamos a resolver esto con el muchacho —garantizó Marco.

—Por favor, entregue el celular —pidió el asistente con amabilidad.

—¿Cuánto quiere? —indagó Kevin mientras escrutaba al joven.

—¡Esa foto vale mucho, señor Harrison! —El paparazzi sonrió burlándose de la situación.

Aun sin importarle el escándalo que aquella foto podría causar a la compañía Harrison, Justine estaba segura de que aquello podría afectarla. Si Andrew Turner se enteraba de que ella estaba andando por ahí con Kevin, él no escatimaría esfuerzos para deshacerse de ella e incluso del pequeño Bryan.

Tomando distancia, ella continuó vagando por los pasillos cuando algunas personas comenzaron a reunirse alrededor de la confusión. Tenía que salir de allí antes de que las cosas tomaran una proporción mayor.

—¿Dónde está Justine? —cuestionó el señor Harrison al percibir que su exesposa no estaba cerca.

Girando el cuello de un lado para otro, él la buscaba.

—¡Ella fue para allá, señor! —Alessandro señaló a la mujer de estatura mediana que volteaba a la izquierda al final del pasillo. —Voy detrás de ella —dijo Alessandro, mientras corría.

Cuando estaba llegando al ala pediátrica del hospital, Justine sintió una mano tocando su muñeca.

—¿Qué cree que está haciendo? —Ella haló el brazo, librándose de Alessandro.

—Quédese tranquila, solo quiero hablar —comenzó el asistente del CEO, manteniendo su habitual tono suave. —Evite contarle a mi jefe sobre mi implicación en su fuga a Francia.

—¿Tiene miedo de que lo despidan? —Ella se atrevió a enfrentarlo.

—¡Oh, no! —Soy un empleado eficiente. —Moviéndose las gafas, Alessandro sonrió. —Solo quiero conversar sobre usted y el señor Harrison.

—Yo no voy a volver con Kevin —aseguró Justine, displicente.

Al finalizar la conversación, ella dio pocos pasos hacia la puerta de la habitación donde el hijo estaba internado.

—¡Hay una cosa más! —Se interpuso en el camino de ella, impidiéndole pasar.

—Hable de una vez, Alessandro.

—El señor Turner quiere hablar con usted —informó después de mirar de un lado para otro para asegurarse de que Kevin no los sorprendería.

—No tengo nada que hablar con ese idiota —respondió, decidida.

—Andrew ya sabe de Bryan, tiene su dirección en la unidad habitacional y ya está enterado de que el señor Harrison cae de amores por usted.

«¡Ay, no! ¡No puedo hacer eso otra vez!» La voz desesperada se rehusó en su subconsciente.

—El señor Turner exige que cumpla con su misión —Alessandro dio el aviso.

—¿De qué está hablando? —Ella fingió no entender. —Pagué todo lo que debía.

—Su mamá le robó al señor Turner y huyó. Ya que Sophia está muerta, él exige que usted pague la deuda.

La mente de Justine recordó el día en que Sophia dejó una buena cantidad de dinero después de que la dejó en la unidad habitacional en Case Bianchi. «¿Será que Andrew la torturó para saber dónde estaba el dinero?» Justine se puso pálida al preguntarse.

—¡Piénselo bien! —dijo Alessandro, sonriendo al niño que les hizo un saludo a los dos.

—Si continúa con esto, le voy a contar todo a Kevin... —Ella amenazó con la intención de intimidar al asistente del CEO.

El hombre se rio con moderación. Aquella bravata no lo coaccionó.

—Beatrice ya intentó hacer eso, pero adivine en quién creyó el señor Harrison esta vez. —Lanzó la pregunta al aire de aquel ambiente impersonal. —Pues sí, el jefe confía mucho en mi trabajo. —Convencido, el asistente se acomodó el nudo de la corbata de seda negra. —Creo que el señor Harrison tiene dificultad para creerle a las mujeres.

—¡Quítese de mi camino! —Justine alteró la voz, llamando la atención de Bryan y de la enfermera que estaba en la habitación.

En un disimulado gesto caballeresco, él dio un paso hacia un lado, dándole paso. Justine corrió hacia la cama y abrazó al hijo, sintiendo las lágrimas ardiéndole en los ojos.

En el otro pasillo, el joven fotógrafo parecía entusiasmado con la perspectiva de la cantidad ofrecida por el señor Harrison. Kevin sacó el iPhone del bolsillo y accedió a la cuenta del banco antes de transferir tres mil euros.

El guardaespaldas tomó el celular del joven fotógrafo y se lo puso en el bolsillo. Kevin miró fijamente la espalda del paparazzi que se alejaba, satisfecho con la solución encontrada.

Luego, él volvió a la habitación para ver a su hijo. Esta vez, Bryan estaba jugando con el carro de Batman.

—¡Hola, señor Harrison! —La voz infantil saludó al hombre al lado de la cama. —Yo iba a pasear en helicóptero y viajar en avión para Francia, pero no dejaron que mi mamá saliera de aquí.

—¿Querías ir a Francia, campeón? —Kevin indagó al niño.

—Ajá, quiero conocer el país donde nació mi mamá —dijo el niño.

La mirada de Kevin examinó a la mujer sentada; la mirada de Justine estaba fija en el noticiero de la televisión, pero su mente estaba distante.

—¿Está bien? —preguntó la voz grave de Kevin, sacándola de sus pensamientos.

—Sí —estuvo de acuerdo con una sonrisa refrenada.

Levantándose, Justine fue hasta una pequeña nevera donde tomó una botella de agua. Al voltear, chocó de frente contra el pecho del hombre alto.

—No debería estar tan cerca de mí —se pronunció Justine.

—¿Por qué? —la interrogó, levantando la ceja. —Si es por causa del fotógrafo, entonces puede estar tranquila porque yo ya resolví todo.

—No es bueno que seamos vistos juntos... —retorquió, decidida.

—¿Tiene recelo de lastimar a algún noviecito? —Él desdeñó.

—Kevin, yo no quiero estorbar en sus negocios. —Justine hizo una pausa y miró a su hijo, que continuaba jugando con el carrito. —Yo tampoco quiero que sepan que usted es el padre de mi hijo. —Ella apretó la botella de agua en la mano derecha y luego encaró la expresión sombría de su exmarido.

Aunque no estaba segura de su decisión, era mejor no darle esperanzas de una posible reconciliación. Nunca tendría paz si seguía en medio de la guerra entre su padrastro y su exmarido.

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