Kevin continuaba bajo el chorro caliente de la ducha, relajándose mientras dejaba que el agua lavara su cuerpo, pero fue imposible seguir bañándose mientras ella estaba ahí parada, mirándolo.
—¿Ella lo amaba? —preguntó Justine, con la voz más baja de lo habitual, pero cargada de un dolor contenido.
Cerrando la ducha, él levantó las cejas, asimilando la pregunta. «¿Por qué está haciendo esto ahora, Justine?», pensó, pero mantuvo el rostro impasible.
—Usted no puede pedirme cuentas sobre al