Kevin continuaba bajo el chorro caliente de la ducha, relajándose mientras dejaba que el agua lavara su cuerpo, pero fue imposible seguir bañándose mientras ella estaba ahí parada, mirándolo.
—¿Ella lo amaba? —preguntó Justine, con la voz más baja de lo habitual, pero cargada de un dolor contenido.
Cerrando la ducha, él levantó las cejas, asimilando la pregunta. «¿Por qué está haciendo esto ahora, Justine?», pensó, pero mantuvo el rostro impasible.
—Usted no puede pedirme cuentas sobre algo que…
—¿Por qué no me contó que había otra persona además de Beatrice? —lo interrumpió ella, sin darle espacio para continuar—. Espere, ¿usted engañaba a Beatrice con...? —Justine vaciló, con la mirada perdida por un segundo, sopesando lo que estaba a punto de decir.
—¡Ya basta! —Tomando la toalla, él empezó a secarse.
—¿Es alguien que yo conozco? —insistió ella mientras sus ojos reparaban en los músculos del hombre que se secaba.
Kevin soltó una risa seca que no tenía nada de gracia.