Justine caminaba lentamente hacia el imponente espejo de su clóset, observando cada prenda hasta elegir el vestido perfecto para el almuerzo. Optó por un vestido midi de seda azul profundo, con un leve brillo que capturaba la luz natural, exhibiendo discretamente su elegancia. La pieza, de modelado clásico y caída impecable, envolvía su silueta esbelta, destacándose por el corte refinado y por el escote en “V” sutilmente atrevido.
—¡Perfecto! —se dijo a sí misma.
Eligió unos aretes largos de diamantes y zafiros, que relucían como pequeños focos de luz alrededor de su rostro. En la muñeca, un brazalete delicado con detalles en oro blanco completaba el visual con un toque de sofisticación. Se aplicó unas gotas del perfume con fragancia floral y amaderada La Vie Est Belle de Lancôme antes de arreglar su larga melena en un peinado semirecogido, con mechones cayendo delicadamente sobre sus hombros. Al terminar, Justine se miró una última vez al espejo.
Mientras ultimaba los detalles,