Mundo ficciónIniciar sesiónCinco años después.
El sol en Byron Bay no pedía permiso. Caía sobre el océano Pacífico como oro fundido, tiñendo las olas de un azul turquesa que parecía irreal para alguien criado bajo el cielo gris de Londres. El aire olía a sal, a eucalipto y a protector solar de coco.
En la terraza de madera de teca de una casa moderna, suspendida sobre las dunas de Wategos Beach, Joe Kensington observaba el horizonte.
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